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Bernardino Segura López
Seccion Informacion General - Benalua en la Prensa
- 27/05/2007
Informacion
En ocasiones, los aromas de ciertos espacios, sin saber porqué, el azar es caprichoso, te transportan a recordar momentos que creías perdidos para siempre. El pasado viernes, compartí unos momentos tranquilos con Bernardino en la trastienda de su licorería. Es difícil rodearse de barriles de vino centenarios y no absorber los olores que nos trasladan a las viejas bodegas de Alicante. Recuerdo los Montillanos; la Yeclana, donde mi padre jugaba al mus con sus amigos, la bodega de Julio en la calle San Ildefonso. “Miro el instante que ha fijado la fotografía y río con la timidez de aquel a quien le avergüenza la risa”. Luis Eduardo Aute entre sus más bellas canciones, plasmó dos especialmente dotadas de afección sentimental: Queda la música, de dónde he extraído la frase anterior, y las cuatro diez. “Fue en ése cine, te acuerdas, una mañana al este del edén”. Mi hermano Paco, todo organización, me envió una caja de fotografías rescatadas de la casa de Matilde, nuestra madre. Observando viejas fotografías, la imaginación se traslada unos cuantos años atrás. “Nada queda de ése trozo de papel, todo es alquimia, veo que es la prueba más veraz de que todo es mentira”.

Bernardino Segura López, nació el 1 de marzo de 1939, días previos al término de la guerra civil. Nace en Crevillente pues su madre era familia del jefe de la estación de ferrocarril y allí se trasladó para dar a luz. Días después de acabar la guerra, fue bautizado en la antigua Iglesia de Benalúa, dónde actualmente tiene su sede el grupo escolar. Sus padres, Bernardino Segura Fuentes y Josefa López Espuch, tuvieron tres hijos: Conchita, Finita y Bernardino.

El matrimonio vivía en la calle de San Agatángelo y luego se trasladaron a un piso luminoso de la calle Foglietti.

“Cuando trasladan la Iglesia a su sede actual, inauguramos nuestra bodega, donde servíamos vino a granel, callos, habas hervidas y otras tapas del gusto de entonces. Yo era un crío, pero me acuerdo perfectamente. Servíamos cantabria, gallos, palomas y cerveza de botella pues en aquellos momentos no había barriles y grifos como en la actualidad. La cerveza era de la marca El Turia y posteriormente se instaló en Alicante Cervezas el Neblí que fue el origen de la fábrica de cervezas El Águila”. Bernardino recuerda la máquina para fabricar “agua de seltz” que se vendía al precio de 25 céntimos de peseta el litro; asimismo, vendía hielo troceado para las neveras de la época.

Acude al colegio de los Salesianos en la calle de San Juan Bosco. “Escuelas Salesianas de San José” y recibe clases de don Prudencia y toma la primera comunión en la antigua Iglesia de Benalúa.

La bodega tiene buena clientela y su padre le reclama para ayudarle. Bernardino abandona los estudios. Se amplía la bodega y adquieren el chaflán donde actualmente está la licorería. “Se trabajaba todos los días, incluso los domingos y era un trabajo muy sacrificado. Logré convencer a mi padre que cerrásemos los domingos por la tarde con el fin de poder descansar”.

En Benalúa vivía un policía nacional que tenía una hija llamada Felisa. Bernardino conoce a Felisa en unas fiestas de pascua y comienzan a salir juntos. “Entre slto y salto me quedé enganchado de ella”. La familia de Felisa era de Almadén y allí trasladaron al padre; Felisa y Bernardino se escriben cartas que mantiene vivo el amor. “En una moto Lube NSU me iba a verla a Almadén de una tirada. Me paraba la guardia civil para que les enseñase la moto”. El 28 de agosto de 1962 y en la iglesia parroquial de Almadén, Bernardino Segura López se casa con Felisa Trenado Zamorano, realizan el convite de bodas en un salón de fiestas del tío de Felisa y parten de viaje de novios a Palma de Mallorca y Barcelona. El matrimonio tiene tres hijos: Bernardino, Angelines y María de las Nieves. De vuelta a Alicante, se instalan en un piso de la casa familiar de la calle Alberola.

El día 16 de abril de 1987, cierra la bodega y en su lugar instala una licorería donde vender vino, licores, cervezas y otros productos gastronómicos. Poco a poco la licorería va adquiriendo la fama que tiene en la actualidad.

Bernardino, aunque ya jubilado, no pierde el contacto con la licorería. Se levanta muy pronto, desayuna y sale a caminar. “Suelo llegar hasta el puerto”. Cuando regresa, acude a visitar a sus dos hermanas que viven en el mismo edificio y posteriormente acude al mercado con Felisa.

Después de comer, “siempre en casa”, descansa un rato y acude a la bodega a echar una mano. “Siempre hay algún consejo que dar”.
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