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Breve historia del Asilo de Benalúa
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Carta de Juan Gimeno Peris
06/11/2011
 
Causa dolor ver desmantelar el Asilo de Benalúa, entrañable residencia de ancianos pobres y enfermos necesitados que un día con amor edificaron las hermanas de los Pobres Desamparados, con la tutela de hombres de imborrable recuerdo para la ciudad.

En 1882 llegó una comunidad religiosa francesa para su instalación en Alicante, venía formada por seis religiosas, se acomodaron en una modesta vivienda en la calle Enriqueta Elizaicin. Allí acogieron al primer anciano y la primera anciana de la fundación. Poco después alquilaron una vivienda más amplia en la calle Maisonnave, ingresando 18 ancianos y 12 ancianas.

Fue entonces cuando el marqués de Benalúa compró y cedió un solar en el barrio, en la calle Antígones para construir un asilo, sufragando la mayor parte de los gastos de la construcción.

La calle Antígones, recordaba un capítulo de la edad antigua por la multitud de restos arqueológicos romanos, reliquias de una ciudad dividida en varios núcleos de población con unidad política municipal.

Doña Josefa Amérigo compró y cedió terrenos para la ampliación del huerto y jardín. El marqués del Bosch se integra en la labor de ayuda para construir el asilo ayudando a las religiosas con valiosos donativos. El asilo se terminó de construir en 1885, siendo su constructor el arquitecto José Alberola Picó. La construcción se destinó para fines benéficos de interés social para la ciudad.

El espíritu de la obra se tenía que mantener siempre, sino se respetaba la propiedad revertiría en los herederos de quienes la aportaron.

El 11 de mayo de 1931 la iglesia de San Juan Bautista fue quemada, y el asilo prestó servicios religiosos a la barriada. En 1936 se guardaron los sacramentos en la capilla del asilo. El 21 de julio de 1936, se guardaron en el asilo los libros del archivo parroquial, misales, ornamentos y hábitos sacerdotales. Ese día se cerró la iglesia de San Juan Bautista y el párroco, don José Pascual Marco, se fue al asilo. Don Federico, se fue a San Juan. En la tarde de ese día se destruyó la iglesia de Benalúa.

El asilo se conservó, era una huella entrañable de Benalúa, y así ha permanecido, siendo cobijo de fe del barrio. Ha sido refugio de documentos y ajuar de la parroquia en múltiples ocasiones. También de personas. Cuando terminó la guerra civil, las monjitas se incorporaron al asilo, venían de Cartagena, donde se habían refugiado en 1937. La parroquia de Benalúa se instaló en el asilo en 1939, hasta 1941.

En la parte derecha de la manzana del asilo se creó un colegio para alumnas dirigido por religiosas salesianas, este espacio ha sido demolido y se han edificado viviendas.

La avenida de Santa María Mazzarello tiene una longitud aproximada de 400 metros. Por unos 25 de ancho, tiene buen firme y mejores aceras. Con gran desarrollo de fachada, muy codiciada para edificar viviendas, su ubicación en el barrio es envidiable. Ocupa parte de una manzana que limita con la calle Enriqueta Elizaicin, y las avenidas de Aguilera y Santa María Mazzarello. En la moderna época democrática. Cuando llegaron los socialistas al Ayuntamiento, el inefable alcalde señor Lassaletta quería intervenir en todo lo que tuviera relieve en Alicante. Su actitud debió incomodar a las monjas que optaron por abandonar el asilo, se fueron pero con ganas de volver. El argumento de las monjas de «falta de vocaciones», fue poco convincente. En aquel entonces existían tensas relaciones Obispado-Ayuntamiento que terminaron con la renuncia del obispo, pero lo que ocurría en el fondo era el interés por cambiar la referencia «caridad» por «servicios sociales». Cauce progresivo para eliminar la cruz de la actividad ciudadana. En 1986, la congregación religiosa abandonó el asilo.

En noviembre de 1987 se levantan muchas voces que lamentan la situación del asilo. Se le pide al Ayuntamiento que mantenga la condición de «uso inmodificable» del espacio, para protegerlo de ambiciones inmobiliarias. El asilo no se podía vender sin vulnerar la escritura, existía una cláusula que decía «si las monjas se van, pero vuelven, hay que restituirlo para su uso primitivo». El asilo ha funcionado sin apoyo oficial, se ha sostenido providencialmente sólo con la caridad del pueblo, cumplió sus fines evangélicos acogiendo ancianos necesitados. El asilo es un patrimonio social del barrio de Benalúa.

El 30 de diciembre de 1987, el obispo compra los derechos de sucesión a los herederos del asilo por ciento diez millones de pesetas. En 1988, el Ayuntamiento hace saber al Obispado que sólo apoyará económicamente al asilo si participa en la gestión. No acepta las condiciones del obispo, exige participar en la gestión. El 27/02/1988 las monjitas publican una carta de despedida. Dejando constancia de que abandonaron el Asilo de Benalúa el primero de año. Se van agradecidas al pueblo de Alicante, y les agradaría volver. El 12 de mayo de 1989 se admite la renuncia de don Pablo Barrachina, por razonas de salud. El día 17 es nombrado obispo don Francisco Álvarez Martínez. Toma posesión el día 14 de julio. El nuevo obispo, don Francisco Álvarez, visita al señor Lassaletta en el Ayuntamineto. A finales de noviembre la iglesia diocesana comienza una amplia renovación. A principios de diciembre, acuerdo obispo-alcalde sobre el Asílo de Benalúa.

En 1990 se constituye la Fundación Obra Asistencial Virgen del Remedio de Alicante. Se cambió el uso del suelo por asistencial. Funcionando como residencia privada, concertada con la Generalitat. El 23 de junio de 1995 don Francisco Álvarez es nombrado arzobispo de Toledo. El 22 de febrero de 1996, nuevo obispo, don Victorio Oliver Domingo. El 23 de noviembre de 2005, renuncia por edad. El asilo, símbolo de acogida de las personas mayores, hoy es el resultado de una transacción económica, los ancianos han perdido un lugar que tenían en la ciudad, a cambio se les ofrece una residencia en la periferia, con un pago que no pueden soportar. Así vienen desapareciendo las huellas de la historia alicantina. Estamos cambiando la caridad por la modernidad, sustituir la raíz de nuestra cultura por ideas totalitarias o demostradamente falsas, va contra la identidad cultural autóctona. El deseo de borrar la cruz, es una pretensión de los que hallan los espacios adecuados en los bienes públicos y artísticos. Tratan estos medios como de su propiedad, aplicando las ideas a su conveniencia, aunque sea en detrimento de la historia patrimonial, es un programa de destrucción y saqueo del patrimonio espiritual. La riqueza a costa de los más necesitados es pervertir la sociedad. La caridad se refleja con los planes en lucha por un mundo mejor. La protección de los humildes es el nivel que refleja los avances sociales.

Lo expuesto visto desde la perspectiva de una casa museo de Benalúa, ayudaría a corregir los desmanes permisivos que se cometen.
 
Fuente: informacion.es
 
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Comentarios
961 - 15/08/2015 Anónimo
Desde luego, la idea de hacer un museo del barrio es fantástica.

Ya que el anterior, y el anterior al anterior equipo municipal pasaron de ella... a ver si el nuevo se hace algún eco.
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