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El viejo asilo, un espacio a recuperar
Seccion Informacion General - Benalua en la Prensa

Reivindican que se finalicen las obras del plan parcial de la zona sur del barrio
26/03/2012
 
ALICANTE. Benalúa es un barrio vivo y dinámico. Algo que se aprecia cada día en el bullicio de su plaza central, a la que oficialmente se conoce como Plaza de Navarro Rodrigo, que es el corazón de este núcleo de población. En ella se respira vitalidad. De ello es testigo desde hace 25 años Julio Miralles, propietario del quiosco de prensa situado en el extremo sur de la plaza, quien muestra su satisfacción por el trasiego de gentes que pasean por este espacio de convivencia.

Ajetreo impulsado también por el amplio tejido comercial del barrio, en el que se han integrado inmigrantes como es el caso de Fernando Rotela, de Paraguay, que ha abierto un comercio de alimentación en la calle Foglietti, al igual que Luisa Pérez Arias, de República Dominicana, que lleva dos años al frente de una tienda de bisutería.

Un paseo por las calles del barrio nos revela un espacio en el que imperan los bloques de viviendas de gran altura y edificaciones modernas pero sin ninguna relevancia arquitectónica. Solo de vez en cuando, entre los nuevos edificios, descubrimos algunas de las antiguas casas que se construyeron en 1884 cuando se creó el barrio de Benalúa, promovido por la sociedad Los Diez Amigos, presidida por José Carlos Aguilera, marqués de Benalúa, con arreglo al proyecto del arquitecto José Guardiola Picó. Una iniciativa que contemplaba calles anchas, aceras con árboles y contaban con alumbrado público a gas. También la conexión con el centro de Alicante a través de una línea de tranvía. Una iniciativa que significó el primer exponente de lo que sería el transporte colectivo urbano.

Una actuación urbanística la de entonces que, como pone de relieve el arquitecto y vicepresidente de la asociación de vecinos El Templete de Benalúa, Rubén Bodewig, fue la primera promoción de viviendas económicas, el primer precedente en España de lo que sería actualmente las viviendas de VPO. Viviendas con mucha luminosidad ventiladas por su orientación al mar.

Un mar que se ve desde Benalúa, y que ahora apenas si lo atisban entre las grandes grúas y los depósitos de los silos de cemento instalador en el Puerto. Nos han robado el mar, sentencia Bodewig.

En la zona sur, próxima a la actual carretera de Elche se levantaron industrias cerámicas, de las que se conservan dos chimeneas que son de los pocos restos de arqueología industrial que le quedan a la ciudad, y las harineras. Un espacio éste, que fue el primer polígono industrial de Alicante y que se empezó a urbanizar hace varios años, pero que se paralizó como consecuencia de las dificultades económicas de la mercantil. Por ello, la presidenta de la asociación de vecinos, Ana Baeza, reclama que se concluyan para mejorar la zona de acceso sur de la ciudad.

El barrio de Benalúa tiene varios solares que son memoria permanente de la lucha de los vecinos por lograr dotaciones dignas para el barrio. Entre ellos, el solar de la calle San Agantángelo donde se halla el ficus centenario que en un principio se preveía eliminar para construir viviendas intergeneracionales, un centro de salud y un centro de día. Un ficus que se logró que se preservara gracias a las movilizaciones vecinales y que se ha convertid o en símbolo de unidad de los vecinos. Ahora, después de más de una de cada desde que se proyectó dar uso a este amplio espacio, el solar sigue vacío a la espera de que se construya el centro de salud , algo que para Ana Baeza se ha convertido en uno de los objetivos de la asociación.

El otro solar es el del antiguo colegio de Benalúa que después de construirse el nuevo centro y eliminarse los barracones en los que han estudiado varias generaciones de alumnos, está vacío y abandonada. Baeza reclama que en este lugar se creen espacios polivalentes y una zona deportiva a los jóvenes del barrio. Una propuesta que pretende aglutinar aún más el tejido social del barrio.

Benalúa fue residencia de ilustres alicantinos, entre otros, del escritor Gabriel Miró, del compositor Óscar Esplá, el artista Gastón Castelló, o el historiador y cronista oficial de la ciudad hasta 1960 Francisco Figueras Pacheco. Pero nada recuerda el paso de estos ilustres alicantinos por el barrio de Benalúa. Algo que para los representantes vecinales pone de relieve la nula sensibilidad de la administración local por mantener parte de nuestra memoria histórica.

A principio del siglo XX el barrio contaba con cines, teatro, casino y locales en los que se desarrollaba una importante actividad social y cultural, pero que con el tiempo han desaparecido. Un espacio que pretende cubrir la iniciativa privada con propuestas como la que ha puesto en marcha la Asociación Cultural El Taller Tumbao, en la calle Arquitecto Guardiola. Un espacio abierto en una de las antiguas casas de Benalúa en el que se desarrollan talleres de pintura, música en directo, cuentacuentos, monólogos y otras actividades.

Benalúa destaca también por su tradición festera. La hoguera del barrio ha sido una de las más galardonadas en la historia de les Fogueres de Sant Joan. Tiene el honor de haber sido la ganadora del primer premio de hogueras en 1928, año en el que se fundaron las fiestas oficiales de la ciudad, con el monumento realizado por los artistas Juan Such, José Marcel y Gastón Castelló y que se titulaba Parada y fonda. Desde entonces han sido numerosos los galardones obtenidos por la hoguera de Benalúa construida por artistas de la categoría de Jaime Giner, Ramón Marco, Remigio Soler, Ángel Martín o Pedro Soriano.

El cierre en 2010 del antiguo Asilo de Ancianos de Benalúa, que ha permanecido en el barrio desde el año 1885, y la recalificación del suelo de este recinto asistencial en el nuevo Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) como suelo residencial para construir viviendas ha motivado la protesta de los vecinos y numerosos colectivos ciudadano. Reclaman al Ayuntamiento la conservación de este espacio como dotación cultural o de cualquier otro tipo que sirva para beneficio de los ciudadanos. Ana Baeza y Rubén Bodewig destacan no solo los elementos históricos del viejo asilo, como la existencia de una cripta y los amplios espacios verdes que ofrecen innumerables posibilidades para convertirlo en un nuevo equipamiento de la ciudad.

Consideran que se podía instalar una dotación cultural, asistencial, o una biblioteca que de mejor servicio que la actual, con el fin de preservarlo como parte del patrimonio histórico de la ciudad.
 
Fuente: lasprovincias.es
 
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